“La conversación tiene lugar en un salón de clases, Política Económica es la materia, últimos semestres de la facultad de derecho de una de las más reconocidas universidades del país”
– Jorge: Son ellos los culpables, por no compartir, por su ambición y su codicia, por querer acumular mas y mas!
– Gloria: Es cierto, las personas deben tener calidad de vida, disfrutar de sus familias, compartir con sus hijos.
– Jorge: ¿Para qué quieren mas plata? Esos manes lo único que quieren es más carros, y más fincas.
La temperatura de la conversación sobre el empresariado colombiano subía y subía, finalmente, el docente interviene con una pregunta dirigida a Jorge.
– Docente: ¿De dónde sale la plata para pagar tu matrícula en la universidad?
– Jorge: De mi propio trabajo profe, yo trabajo en las noches, como mesero en un bar y con eso me pago la universidad.
– Que bien, eso habla muy bien de tu capacidad de trabajo, de tu responsabilidad. Y, cuéntame, ¿el dueño del bar te trata bien?
– Sí, es muy comprensivo con los horarios.
– ¿Y tú crees que él gana plata con el bar?
– Claro que sí, es muy buen negocio.
Es perfectamente posible imaginar el curso de la conversación. El asunto es que esta ilustra lo que en mi opinión, representa un extraordinario reto para la sociedad de los próximos y tal vez inmediatos años. Algunos jóvenes, como Jorge y Gloria (*), creen que los empresarios son un grupo de «manes» que tienen como único fin, generar utilidades para ellos mismos, para ampliar sus lujos y comodidades. Pierden de vista, seguramente sin mala intención, la generación de empleo, la generación de oportunidades para que personas, como el mismo Jorge obtengan los recursos necesarios para hacerse cargo de su propia vida, de las acciones propias de su dignidad humana.
La generación de utilidades empresariales se ha satanizado, dejando de lado la revisión de los medios para generarlas. Ningún beneficio a costa de la vida de seres humanos es admisible; si se han sacrificado la dignidad y el respeto por los valores humanos tampoco lo es. Si la generación de utilidades obedece a procesos productivos responsables, a la prestación de servicios de forma alineada a la ética y la dignidad humana, bienvenidas, y que se multipliquen.
En ese salón de clase algunos alumnos pensaban como Jorge, la mayoría coincidió, tras la intervención del docente, en la necesidad de revisar, sobretodo, el «cómo», antes de sacar conclusiones sobre el «cuánto» o el «¿para qué?».
En nuestras empresas, ¿qué opina Jorge?
(*) los nombres no son reales, la conversación si lo es.

