En la inmensa mayoría de los casos, el nombre que eligen para nosotros es el que nos acompaña toda la vida.
Uno de mis grandes amigos inició hace algún tiempo un ejercicio práctico: en cada reunión a la que llega, no importa el número de personas, dedica los primeros minutos a memorizar el nombre de cada una de ellas, llama a las personas por su nombre y valida con los otros asistentes el nombre de quién está al otro lado del salón. Esto último lo hace para beneficio de su memoria, y sobretodo para contagiar, para que la reunión no esté llena de gente sino para saber que en la reunión están Caro, Andrés, Julián, Felipe, Javier, Lina, Alejandra, Pablo, Bibiana; y entonces Caro, Andrés, Julián, Felipe, Javier, Lina, Alejandra, Pablo y Bibiana se reconocen; y entonces la conversación tiene un tono distinto; y entonces, si hay un nuevo encuentro, Caro será Caro y Julián será Julián, no importa si ocupan entonces un nuevo cargo o si tiene un nuevo título de estudios.
El nombre propio genera identidad, parte de ella, tal vez la primera y la que permanece. Los actos, los hechos generan otra parte. Aquello que hace Daniel también lo define, su forma de hacerlo, el tiempo en que decide hacerlo. Y entonces los actos suman a la identidad, suman a la idea que resuena en la mente cuando escuchamos un nombre propio.
Ningún acto es independiente de su actor, de un actor. La disección mas profunda de actos conjuntos revelará la cantidad de actos individuales que la soportan, que la conforman; y revisando con cuidado y minucioso detalle, los nombre propios de los actores.
Es por esto que Gente DeMente habla con nombre propio. Porque son los individuos los que hacen que las cosas pasen, porque es Daniel el que ha creado Origen Sano, y Ana María el individuo detrás de lo que ocurre en ¼ Tech. Porque son seres humanos, independiente de títulos o cargos si es que existen, los que han actuado para que otros veamos lo que vemos. Cada individuo tiene la posibilidad de elegir actuar para construir su identidad, esa que acompañará la mención a su nombre.
…
– Permítame presentarle al Doctor Prada.
– No, a mi, por favor llámenme Hugo.


Ah bueno Huguito, digo, Hugo.
Doctor Hugo. Qué amable en poner este comentario en la entrada de tu blog.
Qué alegría poder servir de ejemplo en algo.
Me encantó lo que escribiste.
Un gran abrazo