“Liderar es dirigir”, dijo uno de los participantes de forma enérgica.
“Si, y el que manda, manda aunque mande mal!” respondió con ironía quien estaba al otro lado de la mesa.
“Liderar es ejercer influencia”, dijo Juan, que siempre elegía cuidadosamente las palabras. Y precisamente por esa elección de palabras, le pedí a Juan ampliar en buen detalle, para concluir que, aunque la preferimos frente a las demás, esta definición resulta todavía incompleta.
Incompleta porque pone el foco activo exclusivamente en el líder, sin considerar en detalle el rol de cada uno de los individuos sobre los que, según esta definición, influye quien ejerce el rol de liderazgo. De la misma forma que la escritura solo existe completamente gracias a la lectura, el líder solo existe si existe un individuo, o un grupo de ellos, con quien o quienes se encuentre para actuar en conjunto.
“Liderar es convocar voluntades”, respondió entonces Gloria, que hacía garabatos en el margen de la hoja mientras escuchaba con aire distraído la conversación.
El líder invita, y reconoce que cada persona en el equipo es libre de elegir si acepta o no su invitación. El líder reconoce la voluntad de cada individuo y encuentra su reto en lograr que cada miembro del equipo decida conscientemente actuar a favor de aquello para lo que fue convocado.
“Y el líder …”
Si Gloria, y el líder también elige, también decide.

