LEIDY CUESTAS
Diseñadora Industrial
Directora y Fundadora de KitSmile
¿Cómo se logra concretar un gran emprendimiento con tan poco apoyo?
Analicé muchos detalles de la situación de un niño con esta discapacidad. Hablemos de los costos. Cada terapia de una hora cuesta aproximadamente $45.000, según el tratamiento, eso puede sumar mensualmente $600.000. Eso sin considerar los costos de desplazamiento al centro de rehabilitación, que como ya dije, están en las ciudades mientras que los niños viven en zonas rurales.
Mientras investigaba encontré otro asunto para considerar. Esta discapacidad trae asociadas complicaciones de movimiento. No es nada fácil mantener sentado a un niño con Parálisis Cerebral, y no es cómodo para el niño tampoco estar sentado o en una misma posición durante el largo traslado en bus u otro medio de transporte al centro rehabilitación o en la sala de espera del lugar, que casi siempre es larga.
Por la distancia, por costos o por tantas otras dificultades, muchos padres no le dan continuidad a las terapias de los niños, y entonces se pierde cualquier avance que haya tenido el niño en su proceso.
Así confirme la necesidad de diseñar un producto funcional que ayudara a solucionar este tipo de obstáculos en el desarrollo y mejoría de los niños con esta discapacidad. Así fue como llegué al diseño de silla modular. Cuando lo confirmé entendí que eso no sería suficiente.. Yo quiero estar con la gente, quiero llegar a ellos y de alguna manera acompañarlos en el proceso. Así que nace la idea de inventar, no solo la silla, sino un kit de rehabilitación física, es totalmente plegable, se usa en casa y se puede llevar a cualquier lugar como una maleta de viaje, pesa solamente 24 kg y con él se puede llegar a zonas rurales alejadas sin ningún problema.
¡DECIDÍ SEGUIR!
Me gradué de la universidad con algunos inconvenientes, algunas personas me sugerían renunciar al proyecto. Sin embargo, otros jurados de la tesis se interesaron en mi propuesta y decidieron que ese era el mejor de todos los proyectos que se presentaron en esa oportunidad, así que me gradué, incluso con algunos aplausos.
Siendo profesional enfrenté otros elementos de la realidad laboral, dejé de lado el proyecto y empecé a trabajar en una agencia digital, por que eso es lo que se hace cuando uno se gradúa. Pero un día cualquiera recibí una llamada, un periodista se había enterado de mi proyecto y quería hacer un artículo. Acepté, me entrevistaron y a los quince días salió publicado. Al día siguiente la gente me estaba buscando y preguntando dónde podían conseguir el kit, eso para mi fue increíble. Después me entrevistaron en Caracol Televisión y en RCN y entonces llegó el momento de decidir. ¿seguía trabajando en la agencia digital? o ¿me dedicaba a mi proyecto?
Hoy sé que tomé la mejor decisión. Desde entonces me dedico a hacerlo posible, a hacerlo realidad, ahora tengo mi empresa, Kit Smile, y mi fundación, que se llama Fundación UNIDOS PARA SONREIR, y eso me llena, yo quise el proyecto con enfoque social, siempre quise edificarlo para personas de bajos recursos.
Después empecé con los tramites para obtener la patente, hablé con muchas personas y la respuesta mas común era:
“¿Patentar en Colombia? No, eso es muy difícil y más una patente de invención”.
Siempre encontré problemas y resistencia. Yo insistí, fui muy persistente y no paré, siempre he sido muy constante y no acepto un “no” por respuesta. En la superintendencia me dijeron que sí, que mi producto sí era para una patente de invención. El nuevo reto fue un asunto económico, el proceso de la patente valía cerca de 35 millones de pesos , claro, yo no los tenía.
Fue precisamente de los obstáculos y de la resistencia que encontraba de donde salió la fuerza para seguir adelante con mi proyecto. Después de muchas conversaciones y búsquedas de asesorías de todo tipo, una tarde me llamaron de una firma de abogados muy reconocida en Colombia, Lloreda Camacho. Ellos me dijeron que querían conocer mi producto porque mi abogado se los había mencionado y estaban interesados, se los llevé, les encantó y se ofrecieron a patrocinarme. Me dijeron: te vamos a patrocinar y vas a ser la mujer más joven en Colombia en obtener una patente de invención. Y así fue.
Después de todo lo de la patente me inscribí en una convocatoria que había con INNPULSA Colombia y tuve que buscar un equipo de trabajo, amigos míos a quienes les gustaba el tema, cuando empezamos éramos 3, hoy ya somos 7.
Nos presentábamos a todas las convocatorias que encontrábamos pero no ganábamos y entonces nos empezamos a desanimar, sin embargo siempre pasaba algo que nos hacía seguir adelante. Me llamaron de INNPULSA Colombia y me dijeron que habíamos sido seleccionados para ir por una semana a una feria de emprendedores en Boston, y participar aprendiendo gestión de proyectos. Al volver de allá me llamaron para que asistiera a Boston a unos cursos de emprendimiento, pero estos ya costaban 10 mil dólares, no los tenía. Les dije que muchas gracias pero no podía, que todo mi dinero la había invertido en el primer prototipo funcional de la silla y que no tenía los recursos para asistir. Entonces ofrecieron patrocinar el viaje, la estadía y los seminarios, todo gracias al valor social que tenía el producto. Me fui 4 meses para allá, y los aproveché al máximo, aprendí mucho sobre emprendimiento y eso de verdad me ha servido para llevar a cabo todo lo que hemos logrado con el proyecto.
Continuará…

