Cargada de materiales de trabajo, con datos históricos rondando en su cabeza y una escasa información científica sobre su escenario de campo, arribó la bióloga colombiana Karla Barrientos Muñoz, directora científica de la Fundación Tortugas del Mar, a la Isla Cayos de Serrana, en la Reserva de la Biósfera Seaflower.
Su interés era monitorear este remoto lugar del Caribe colombiano y verificar si era un sitio importante de anidación y alimentación de tortugas marinas. Un tema obligado para alguien que lleva 13 años investigando las especies y conoce los serios problemas que enfrenta a nivel global.
No en vano hacia 2007 Conservación Internacional hacía esta advertencia sobre las tortugas y los cocodrilos de los países andinos del Trópico: “Las tortugas marinas aparecieron en el Cretácico y sobrevivieron a la extinción de sus contemporáneos los dinosaurios ocurrida hace 65 millones de años. Ahora enfrentan, tal vez, la peor situación de conservación en sus 100 millones de años de existencia, debido a que en las últimas décadas sus poblaciones han venido disminuyendo progresiva y sistemáticamente como resultado directo de la actividad humana”.
El 5 de agosto de 2016 Barrientos se embarcó en Cartagena de Indias junto con el director ejecutivo de la Fundación, Cristian Ramírez Gallego; 25 profesionales de otras áreas relacionadas con las ciencias del mar y la tripulación del ARC Providencia, una moderna plataforma de investigación científica construida en Alemania y administrada por la Armada Nacional, que les permitió agruparse en la Tercera Expedición Científica Seaflower a Isla Cayos de Serrana.
El recorrido desde Providencia hasta Serrana fue de 12 horas, una ruta en alta mar que solo unos pocos privilegiados pueden realizar. Serrana está ubicada en la frontera más septentrional de Colombia y hace parte de la Reserva de la Biósfera Seaflower declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en el año 2.000.
Dicha reserva es una de las más grandes del mundo con 349.800 km2 y presenta una de las barreras de coral más grandes del planeta. Se llama Seaflower porque así se denominaba la embarcación que trajo a los primeros colonos ingleses a la zona. Para ser declarada como tal, la UNESCO exigió características como alta biodiversidad, potencial de desarrollarse de manera sostenible con participación comunitaria, área de importancia para la conservación y capacidad administrativa para ejecutar un plan de manejo.
La reserva es el hábitat de más de 400 especies de peces, corales duros y blandos, medusas, moluscos, crustáceos, réptiles, esponjas, caracoles, langostas, insectos, y aves. De allí se derivan servicios ecosistémicos como alimentación, protección costera y recreación, indica la Comisión Colombiana del Océano (CCO). Según esa misma entidad, Serrana es un complejo arrecifal de 36 km2 de largo por 15 de ancho, incluyendo la plataforma insular que se encuentra a unos 150 km2 al nordeste de la isla de Providencia.
“Es un área más difícil de investigar. En la reserva Seaflower está el 77 % de los arrecifes de coral de Colombia, es algo que el país debe conocer”, comentó Juliana Sintura, coordinadora general de la expedición organizada y financiada por entidades como la Comisión Colombiana del Océano, Armada Nacional de Colombia, Dirección General Marítima (Dimar), Corporación para el Desarrollo Sostenible del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (Coralina), Gobernación Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, Programa Colombia Bio de Colciencias y la Universidad de los Andes.
La casa de las tortugas
En Colombia tienen presencia cinco de las siete especies de tortugas marinas que hay en el mundo, explicó Karla Barrientos. Tres de ellas están en el Caribe y el Pacífico: Caná, Carey y Tortuga verde. Una más, la tortuga golfina, se encuentra solamente en el Pacífico; y la tortuga cabezona o caguama es específica para el Caribe.
La bióloga esperaba encontrar por lo menos tres especies porque la tortuga caná usa playas de anidación más extensas y dinámicas, además porque su temporada de anidación para entonces ya había terminado, ya que es de marzo a junio. Cuando la expedición llegó a Serrana, lo primero que hizo el dúo de la Fundación Tortugas del Mar fue hacer un reconocimiento del terreno y buscar posibles nidos.
«Normalmente cuando las tortugas llegan a desovar, buscan un sitio para anidar, hacen una excavación de 50 o 70 centímetros según la especie. Desovan entre 80 a 180 huevos, que en unos 45 o 60 días eclosionan, es decir, emergen las tortuguitas ayudándose entre sí para superar la columna de arena. Suben en un tiempo aproximado de tres días. En este caso la madre no se queda cuidándolas, pero a cambio de esto, tapa el nido, hace un camuflaje perfecto y retorna al mar”, contó la especialista.
No había pasado un día cuando hallaron el primer nido y con él un camino de huellas miniatura hacia el mar. Al remover los cascarones vieron a dos pequeños réptiles que no habían podido salir a superficie. Ese par que ellos ayudaron a llegar al mar —llamado en biología ‘tortugas rezagadas’—, eran solo el comienzo de lo que iban a descubrir.
Normalmente los biólogos ‘tortugueros’ trabajaban tanto de noche como de día. Hacen salidas al mar con snorkel, realizan inmersiones y avistan tortugas nadando. Pero su jornada fuerte es de noche porque es en la oscuridad que las tortugas desovan.
A medida que los diez días de expedición pasaban, encontraban más de lo que habían podido conseguir en las dos costas colombianas, el Pacífico y el Atlántico, donde según Karla, ha disminuido notoriamente la presencia de tortugas.
“Los números eran muy alentadores, especialmente para la tortuga cabezona, que es la que aparece en la moneda de mil pesos y se encuentra en categoría Vulnerable en el país, según el Libro Rojo de Reptiles de Colombia, publicado en 2015 por el Instituto Humboldt, el Ministerio de Ambiente y la Universidad de Antioquia, donde Karla es coautura. A nivel global, está categorizada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como En Peligro”.
La perseguida Carey
La tortuga cabezona terminaba su temporada de anidación y comenzaba la de la tortuga carey, desde agosto a noviembre. “No avistamos hembras anidantes porque en Serrana existen diferentes áreas arenosas y ellas desovan entre áreas rocosas de difícil acceso nocturno. Lo cierto es que encontramos 20 nidos y apenas comenzaban a llegar las visitantes bianuales”.
De esta manera el panorama para la especie categorizada En Peligro Crítico para Colombia y a nivel global, es distinto. “Con esta cifra podemos estimar que si estuviéramos en campo los cuatro meses de la temporada de anidación, seguramente hallaríamos unos 100 nidos de carey. Eso significaría que Serrana también sería el lugar de anidación más importante para esta especie en el país”, comentó Barrientos.
En cuanto a la tortuga verde, clasificada en la categoría En Peligro para Colombia y el mundo, no esperaban encontrar hembras anidantes debido que terminaba la temporada de anidación que es de junio a setiembre. Sin embargo, Trisha Forbes, bióloga marina de la Secretaria de Agricultura y Pesca encontró un individuo juvenil en el agua, le tomó los datos de localización en su GPS y esa fue una evidencia que las tortugas verdes usan la Isla Cayos no solo para anidación, sino como una zona de alimentación y tránsito.
El sol cocina los huevos
Durante la expedición también se logró verificar algunos aspectos sobre las consecuencias del cambio climático en la reproducción de las tortugas.
Este fenómeno está documentado según el Grupo de Especialistas en Tortugas Marinas (MTSG, siglas en inglés) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como una de las cinco amenazas que generan riesgo a las tortugas marinas en el mundo, junto al impacto por pesquerías, desarrollo costero que degrada playas de anidación, caza directa, contaminación y patógenos.
La bióloga explica que el sexo en las tortugas marinas es definido por la temperatura. Cuando alcanza los 29,5 ºC las tortugas que emergen del nido son hembras; y por debajo de este número, machos

