La oficina es el lugar en el que convivimos la mayoría del tiempo al día. Debe ser un espacio donde las cosas fluyan, donde cada uno pueda hacer lo suyo para sacar adelante el objetivo de la organización. Sin embargo, este es un estado ideal, y no siempre sucede así. Por eso, es importante saber identificar si trabajas en una oficina con un ambiente tóxico, para tener algunas tácticas que te permitan aislar este ambiente de tu ritmo de trabajo.
Pero, ¿cómo identificar un ambiente de oficina tóxico? Aquí algunas características para que puedas hacerlo:
- Si un miembro del equipo hace una sugerencia, crítica o resalta una oportunidad de mejora, es reprendido, e incluso “castigado”. Se reprime el feedback y los empleados.
- La comunicación entre los miembros del equipo, o incluso con el jefe o líder, no es la mejor. Las instrucciones no son claras, y quedan dudas en los colaboradores, que incluso no se atreven a manifestar.
- El drama es constante: en lugar de estar centrados en los objetivos, se pasa más tiempo pendiente de los rumores. Se genera un ambiente de competencia, e incluso la crítica destructiva a los demás.
- Las peleas y malentendidos están a la orden del día. Las quejas sobre los compañeros de trabajo se presentan constantemente, y las discusiones son predominantes.
- Las reuniones no son productivas. Se utilizan estos espacios para generar quejas y críticas, en lugar de proponer soluciones y planes de acción.
- Los líderes o jefes están más pendientes de sus propias tareas, que por proporcionar un verdadero liderazgo.
- Las preocupaciones de los trabajadores no son una prioridad para los jefes. Se espera que los colaboradores sacrifiquen bienestar o vida personal, por el bien de la compañía.
- Se exige que los empleados realicen horas extras no remuneradas, o se les obliga a estar pendientes de su teléfono a horas no laborales.
- La motivación de los equipos de trabajo es casi nula. Si trabajan en ventas, sus resultados se ven afectados por este ambiente tóxico.

